Historia del movimiento trans: de las revueltas de Stonewall a hoy

La historia de las personas trans no comienza con las revueltas de Stonewall, ni tampoco con los pioneros de la sexología del siglo XX. Las personas con identidad de género no conforme a los cánones binarios han existido en cada época y en cada cultura. Sin embargo, es en el siglo XX cuando se estructura un verdadero movimiento trans organizado, capaz de reivindicar derechos, visibilidad y dignidad. Este artículo recorre las etapas fundamentales de esa historia, desde el Instituto de Sexología de Berlín hasta los desafíos contemporáneos.
Antes de Stonewall: Magnus Hirschfeld y el primer instituto
El Institut für Sexualwissenschaft (1919-1933)
El punto de partida convencional de la historia médica y política de las personas trans es Berlín, en la República de Weimar. El 6 de julio de 1919, el médico y sexólogo alemán Magnus Hirschfeld inauguró el Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para la Ciencia de la Sexualidad), la primera institución del mundo dedicada al estudio científico de la sexualidad humana y, en particular, a la comprensión y asistencia de las personas transgender [1][2].
Hirschfeld había acuñado en 1910 el término transvestit (travestido), utilizado en la época para describir lo que hoy definiríamos como identidad transgender [2]. El Instituto no se limitaba a la investigación: ofrecía servicios médicos, consultas psicológicas, educación sexual y, elemento revolucionario para la época, refugio y trabajo a las personas trans que de otra forma habrían permanecido marginadas [1]. Hirschfeld estaba convencido de que las personas trans actuaban de acuerdo con su verdadera naturaleza y que la ciencia debía proporcionar los medios para la transición médica.
Entre las pacientes del Instituto se cuenta Lili Elbe (1882-1931), pintora danesa considerada una de las primeras personas en someterse a intervenciones de afirmación de género, operada por el ginecólogo Kurt Warnekros en Dresde en 1930. Elbe falleció por complicaciones postoperatorias al año siguiente, pero su historia se ha convertido en símbolo de aquel primer capítulo de la historia trans.
La destrucción nazi
El 6 de mayo de 1933, grupos de estudiantes nazis asaltaron el Instituto. Más de 20.000 libros y documentos fueron saqueados y quemados en una hoguera pública, entre las más célebres de la campaña de destrucción cultural del régimen [1]. La biblioteca comprendía copias raras y materiales únicos que habían contribuido a construir una historiografía de las personas no conformes con las normas de género. Magnus Hirschfeld, que se encontraba en el extranjero, nunca regresó a Alemania y murió en el exilio en Niza en 1935 [2]. Su obra fue en gran parte olvidada durante décadas.
Christine Jorgensen y la visibilidad mediática
Otro momento fundacional de la historia trans precede a Stonewall por casi veinte años. En 1952, la estadounidense Christine Jorgensen (1926-1989) se convirtió en la primera persona transgender en obtener amplia notoriedad pública en Estados Unidos tras someterse a una serie de intervenciones quirúrgicas en Copenhague. El diario New York Daily News tituló en primera página “Ex-GI Becomes Blonde Beauty”, generando una atención mediática sin precedentes. Jorgensen se convirtió posteriormente en actriz, cantante y activista, contribuyendo a llevar el tema de la identidad de género al debate público estadounidense.
Stonewall y Marsha P. Johnson
Las revueltas de 1969
Las revueltas de Stonewall representan un punto de inflexión en la historia de los derechos LGBTQ+. En la noche entre el 27 y el 28 de junio de 1969, la policía de Nueva York asaltó el Stonewall Inn, un bar gay de Christopher Street en Greenwich Village [3]. Las redadas policiales en los locales frecuentados por la comunidad queer eran eventos habituales, pero esa noche los clientes reaccionaron. La resistencia duró seis días y se transformó en una revuelta que marcó el nacimiento del movimiento moderno de liberación LGBTQ+ [3].
Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera
Entre las figuras más importantes de las revueltas destacan Marsha P. Johnson (1945-1992) y Sylvia Rivera (1951-2002), dos mujeres trans de color cuya contribución fue durante mucho tiempo infravalorada por la historiografía mainstream del movimiento [3][5].
Marsha P. Johnson, nacida en Elizabeth, Nueva Jersey, se definía como drag queen y activista por la liberación gay [5]. La “P.” de su nombre significaba “Pay It No Mind” (no le hagas caso), la respuesta que daba a quien le preguntaba por su género. Según su propio testimonio, llegó al Stonewall Inn alrededor de las 2 de la mañana, cuando “el local ya estaba en llamas y la redada ya estaba en curso” [5].
Sylvia Rivera, nacida en el Bronx de familia puertorriqueña y venezolana, tenía solo 17 años durante las revueltas [3]. En una entrevista de 2001, Rivera contó que no había lanzado el primer cóctel Molotov contra la policía, como quiere un mito persistente, pero que había lanzado el segundo. Durante seis noches consecutivas se negó a ir a casa o a dormir, declarando: “No pierdo un minuto de esto, es la revolución”.
STAR: el primer refugio trans
En 1970, Johnson y Rivera fundaron la STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries), una organización que abrió la STAR House en el East Village de Manhattan [4]. Operativa de noviembre de 1970 a julio de 1971, la STAR House proporcionaba comida y alojamiento a jóvenes transgender sin hogar. Fue el primer refugio para jóvenes LGBTQ+ en Norteamérica, la primera organización liderada por mujeres trans de color en Estados Unidos y la primera organización sindical de trabajadoras sexuales trans [4].
La STAR se inspiraba tanto en los grupos de defensa de los derechos gays como la Gay Activists Alliance y el Gay Liberation Front, como en organizaciones revolucionarias como las Black Panthers [4]. Sin embargo, Johnson y Rivera tuvieron que enfrentarse a la exclusión de las personas trans del movimiento gay mainstream, dominado por hombres blancos cisgénero que a menudo se negaban a reconocer el papel de las personas transgender, especialmente las de color, en las revueltas de Stonewall [3].
Los años 70-80: primeras leyes y visibilidad
Suecia, pionera de los derechos trans (1972)
En 1972, Suecia se convirtió en el primer país del mundo en permitir a las personas transgender cambiar legalmente su sexo registral tras una intervención de reasignación quirúrgica [12]. La ley garantizaba además el acceso gratuito a la terapia hormonal. Sin embargo, la normativa imponía condiciones restrictivas: la persona debía ser soltera, ciudadana sueca y estéril. El requisito de la esterilización obligatoria fue eliminado solo en 2013, y Suecia desclasifica la condición transgender como enfermedad apenas en 2017 [12].
Italia y la ley 164 de 1982
Italia fue uno de los primeros países europeos en dotarse de una legislación específica. La ley 164 fue promulgada el 14 de abril de 1982, firmada por el presidente Sandro Pertini y publicada en la Gazzetta Ufficiale el 19 del mismo mes [6]. Titulada “Normas en materia de rectificación de atribución de sexo”, la ley reconoció a las personas trans una dignidad largamente negada y puso fin a una situación de limbo jurídico en la que faltaba cualquier instrumento legal para el cambio de documentos [6].
La iniciativa legislativa había nacido en octubre de 1979, cuando los militantes del FUORI (Frente Unitario Homosexual Revolucionario Italiano) Enzo Cucco y Enzo Francone redactaron un primer proyecto de ley tras una sentencia del Tribunal Constitucional del 12 de julio de ese año [7]. Sin embargo, la intervención decisiva para desbloquear el proceso parlamentario vino del naciente movimiento trans organizado.
En su forma original, la ley 164 subordinaba la rectificación registral a la intervención quirúrgica. Solo en 2015, con la sentencia de la Corte de Casación n. 15138 y la sentencia del Tribunal Constitucional n. 221, se estableció que la rectificación era posible también sin intervención quirúrgica, reconociendo el derecho a la autodeterminación de la persona.
El movimiento en Italia
El MIT: de 1979 a hoy
El MIT (inicialmente Movimento Italiano Transessuale, desde 2017 Movimento Identità Trans) fue fundado en Bolonia en 1979 y es la asociación más antigua para los derechos de las personas trans en Italia y una de las primeras del mundo [8]. Su fundación se debe a la determinación de activistas como Pina Bonanno de Catania, quien por consejo de la artista Marzia Siclari escribió a Marco Pannella para interesarlo en la causa de los derechos trans [7].
En la primavera de 1980, el MIT se constituyó formalmente y desempeñó un papel decisivo en la campaña por la aprobación de la ley 164 [7][8]. Las manifestaciones de la asociación se celebraron frente a Montecitorio y en diversas ciudades italianas. El 4 de julio de 1980, en Milán, se celebró la que se considera la primera protesta pública por los derechos de las personas trans en Italia [15].
Marcella Di Folco: un icono del movimiento
Entre las figuras clave del movimiento trans italiano destaca Marcella Di Folco (1943-2010), activista, actriz y política [14]. Nacida en Roma, se diplomó en el liceo científico y atrajo la atención del director Federico Fellini, quien la involucró en diversas películas, entre ellas Fellini Satyricon (1969), Roma (1972) y La ciudad de las mujeres (1980) [14]. También colaboró con Roberto Rossellini, Dino Risi y Bruno Corbucci.
Desde 1988, Di Folco fue presidenta del MIT [14]. En 1994 fundó en Bolonia un consultorio de identidad de género, el primero del mundo gestionado por personas transgender en colaboración con las instituciones y con profesionales sanitarios. En 1995 fue elegida concejala municipal de Bolonia con el Partido de los Verdes, convirtiéndose en la primera mujer trans abiertamente tal en ocupar un cargo político público en el mundo [14].
Su compromiso contribuyó a cambiar la percepción pública de las personas trans en Italia, del margen social a la participación política activa. La asociación ha continuado su trabajo tras su fallecimiento, redefiniéndose en 2017 como “Movimento Identità Trans” para abrazar la pluralidad y la amplitud de las experiencias ligadas a la varianza de género [8].
Años 2000: despatologización y nuevas identidades
El DSM-5 (2013): de “trastorno” a “disforia”
Durante décadas, las clasificaciones médicas internacionales habían tratado la identidad transgender como una patología mental. Un primer cambio significativo ocurrió en 2013 con la publicación del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) por parte de la American Psychiatric Association [11]. El diagnóstico de “trastorno de la identidad de género” (gender identity disorder) fue eliminado y sustituido por “disforia de género” (gender dysphoria) [11].
El cambio de terminología no fue meramente cosmético: el desplazamiento del énfasis de la condición identitaria al malestar eventualmente asociado marcó un paso hacia la despatologización. El DSM-5 estableció explícitamente que “la no conformidad de género no es en sí misma un trastorno mental” [11]. Sin embargo, el diagnóstico permaneció dentro del manual psiquiátrico, y muchos activistas sostuvieron la necesidad de una eliminación completa de las categorías diagnósticas trans.
La elección de mantener un diagnóstico fue también pragmática: sin una clasificación médica reconocida, el acceso a los tratamientos y la cobertura aseguradora para las terapias de afirmación de género corrían el riesgo de desaparecer, especialmente en los sistemas sanitarios basados en seguros privados.
El ICD-11 (2019): fuera del capítulo de trastornos mentales
El paso más significativo en la despatologización llegó el 25 de mayo de 2019, cuando la Asamblea Mundial de la Salud adoptó el ICD-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, undécima revisión) de la Organización Mundial de la Salud [9][13]. Los diagnósticos asociados a las personas transgender fueron oficialmente eliminados del capítulo sobre trastornos mentales y del comportamiento.
El ICD-11 sustituyó el término “transexualismo” por el nuevo concepto de “incongruencia de género” (gender incongruence), reubicándolo en el capítulo relativo a la salud sexual en lugar del de trastornos mentales [9]. Específicamente, las categorías diagnósticas obsoletas del ICD-10, como “transexualismo” y “trastorno de la identidad de género en la infancia”, fueron sustituidas por “incongruencia de género de la adolescencia y la edad adulta” e “incongruencia de género de la infancia” [9].
Como declaró la OMS, el cambio fue motivado por “una mejor comprensión de que no se trataba realmente de una condición de salud mental” [9]. La inclusión de la incongruencia de género en el ICD-11, aunque fuera del capítulo psiquiátrico, fue pensada para garantizar a las personas trans el acceso a la atención sanitaria de afirmación de género y una cobertura aseguradora adecuada [10].
Identidades no binarias y la expansión del lenguaje
Paralelamente a la despatologización médica, los años 2000 y 2010 han visto una expansión significativa del lenguaje y las categorías identitarias ligadas al género. El término no binario se ha afirmado para describir a las personas que no se reconocen exclusivamente en las categorías de hombre o mujer.
En el ámbito lingüístico, el debate se ha centrado en la adopción de pronombres neutros o inclusivos. En lengua inglesa, el uso del pronombre singular “they/them” en función no binaria se ha difundido a partir de los primeros años 2010, aunque tiene raíces en la literatura inglesa desde el siglo XIV. En italiano, el debate ha asumido formas propias, con la experimentación de desinencias alternativas como la schwa y el asterisco, soluciones que siguen siendo objeto de discusión entre lingüistas, activistas e instituciones. En español, se ha experimentado con el uso de la terminación en -e (como “elle”) y la x (como “latinx”), generando debates similares.
Hoy: reacción y nuevos desafíos
La oleada legislativa anti-trans
A partir de los primeros años 2020, el movimiento trans se enfrenta a una significativa reacción conservadora, particularmente intensa en Estados Unidos. En 2023, más de 500 propuestas de ley dirigidas a limitar los derechos de las personas trans fueron presentadas en los parlamentos estatales estadounidenses, con medidas que conciernen el acceso a la atención médica, el cambio de documentos, el uso de baños públicos, la participación deportiva y la libertad de expresión. En 2024 el número de propuestas subió a 586, y en los primeros meses de 2025 se superaron los 850 proyectos de ley anti-LGBTQ+.
En enero de 2025, una orden ejecutiva presidencial redefinió la comprensión federal del género reconociendo solo las categorías de varón y mujer, eliminando la autoidentificación de género en los documentos federales como los pasaportes y poniendo fin a la financiación federal para la atención de afirmación de género.
La situación en Europa y en Italia
También en Europa se registran señales contrastantes. Mientras algunos países avanzan en el reconocimiento de los derechos trans (Suecia ha facilitado el cambio de género legal desde 2025, la República Checa ha legalizado las uniones civiles entre personas del mismo sexo), otros gobernados por partidos conservadores o de extrema derecha muestran tendencias restrictivas.
En Italia, el debate sigue abierto. La ley 164 de 1982, aunque actualizada por la jurisprudencia, no ha sido reformada orgánicamente. Las personas trans continúan enfrentándose a un proceso burocrático y sanitario a menudo largo y complejo para obtener la rectificación registral. El DDL Zan, que habría introducido entre otras cosas protecciones contra la discriminación basada en la identidad de género, fue rechazado por el Senado en 2021.
Redes sociales y nueva generación de activismo
Las redes sociales han transformado radicalmente las dinámicas del activismo trans. Plataformas como Instagram, TikTok y YouTube han permitido a una nueva generación de personas trans contar sus experiencias en primera persona, alcanzando un público vastísimo y sorteando los filtros de los medios tradicionales. Esto ha contribuido a una mayor visibilidad y a una normalización de las identidades trans, especialmente entre las franjas más jóvenes de la población.
Al mismo tiempo, la misma visibilidad ha alimentado un fenómeno de backlash (reacción adversa): campañas coordinadas de desinformación, acoso en línea dirigido y una polarización del debate público que tiende a reducir la complejidad de las cuestiones trans a eslóganes contrapuestos. El desafío para el movimiento contemporáneo consiste en navegar este doble efecto de la visibilidad digital, aprovechando su potencial de sensibilización sin sucumbir a las dinámicas tóxicas de las redes sociales.
Los desafíos actuales
El movimiento trans enfrenta hoy una serie de desafíos interconectados. El acceso a la atención de afirmación de género sigue siendo desigual a nivel global y, en muchos países, sujeto a listas de espera plurianuales. La violencia contra las personas trans, en particular las mujeres trans de color, sigue siendo una emergencia. El reconocimiento legal de la identidad de género basado en la autodeterminación, sin requisitos médicos o judiciales, ha sido adoptado solo por una minoría de Estados.
Al mismo tiempo, la conciencia pública sobre las cuestiones trans nunca ha sido tan difundida. Las nuevas generaciones muestran una comprensión más matizada del género, y el lenguaje evoluciona para reflejar esta complejidad. La historia del movimiento trans, desde las cenizas del Instituto de Hirschfeld a las revueltas de Stonewall, de la ley 164 a la despatologización de la OMS, muestra un recorrido hecho de resistencia, pérdidas y conquistas que sigue evolucionando.
Para profundizar
- Documental Disclosure: Trans Lives on Screen (2020)
- Libro Transgender History (2008)
- Documental The Death and Life of Marsha P. Johnson (2017)
- Serie de TV Pose (2018)
- Película Paris Is Burning (1990)