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Teoría de género: qué dice la ciencia

Teoría de género: qué dice la ciencia

La expresión “teoría de género” — o “ideología de género” — se utiliza en el debate público para describir un supuesto proyecto ideológico que pretendería eliminar las diferencias entre hombres y mujeres, confundir a los niños sobre su propia identidad sexual y desmantelar la familia tradicional. Esta expresión no designa ninguna teoría científica existente. No aparece en ningún manual académico, en ninguna revista con revisión por pares, en ningún programa escolar. Este artículo reconstruye de dónde surge, qué distorsiona y qué dice realmente la investigación científica sobre la identidad de género.

De dónde surge la expresión “teoría de género”

La “teoría de género” no nace en el mundo académico. Nace en el mundo político y religioso, como reacción a algunas conquistas en el campo de los derechos civiles y de la igualdad de género.

Los orígenes vaticanos

La historia comienza en los años noventa, en respuesta a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín de 1995, durante la cual las Naciones Unidas formalizaron el uso del concepto de “género” (gender) como herramienta analítica para comprender las desigualdades entre hombres y mujeres. Este paso alarmó a algunos componentes del Vaticano, que vieron en ello una amenaza a la “complementariedad natural” entre los sexos.

En 1997, la periodista católica americana Dale O’Leary publicó The Gender Agenda, un libro en el que el concepto de género se comparaba con un “submarino” — una operación secreta destinada a redefinir la igualdad contra natura. El libro tuvo una amplia circulación en los ambientes vaticanos.

En 2003, el Pontificio Consejo para la Familia publicó el Lexicon de términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, una obra colectiva que dedicaba amplias secciones a la crítica del concepto de “género”. Al año siguiente, en 2004, la Congregación para la Doctrina de la Fe — dirigida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger — publicó la Carta a los Obispos sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, en la que el “género” se presentaba como una corriente de pensamiento que niega la diferencia sexual arraigada en la naturaleza humana (Fuente: [9]).

Como reconstruye la jurista Mary Anne Case en un artículo publicado en Signs: Journal of Women in Culture and Society en 2019, la guerra del Vaticano contra la llamada “ideología de género” ha atravesado décadas, dos papados y múltiples frentes — desde el matrimonio igualitario a la educación sexual, desde los derechos transgénero a las políticas antidiscriminación (Fuente: [2]).

La difusión en Europa

Desde el ambiente vaticano, la expresión “ideología de género” se difundió en los movimientos políticos conservadores de toda Europa. Como documentan los sociólogos Roman Kuhar y David Paternotte en el volumen Anti-Gender Campaigns in Europe de 2017, las campañas antigénero se manifestaron en al menos once países europeos, de Francia a Rusia, de Italia a Polonia, con protestas masivas, peticiones y campañas mediáticas unidas por una narrativa común: la existencia de una “teoría” peligrosa que amenaza a los niños y a la familia (Fuente: [1]).

El término “ideología de género” no describe una realidad académica: funciona como un dispositivo retórico — una herramienta para transformar un campo de estudios consolidado en un espantajo.

Qué son realmente los estudios de género

Los gender studies — los estudios de género — constituyen un campo académico interdisciplinario consolidado desde hace más de cincuenta años. Nacidos del movimiento feminista y de los women’s studies de los años setenta, se han desarrollado en las universidades de todo el mundo como área de investigación que analiza el modo en que las categorías de género influyen en las estructuras sociales, las relaciones de poder, las instituciones, la cultura y las experiencias individuales.

Un campo interdisciplinario

Los estudios de género recurren a disciplinas diversas: sociología, psicología, historia, antropología, ciencias políticas, derecho, literatura, medicina, neurociencias, biología. No constituyen una única “teoría” monolítica, sino un conjunto heterogéneo de enfoques, métodos y perspectivas, a veces incluso en desacuerdo entre sí.

Entre las contribuciones más influyentes se cuentan las de Simone de Beauvoir, que en 1949 distinguió el sexo biológico del género socialmente construido con la célebre fórmula “mujer no se nace, se llega a serlo”; de Gayle Rubin, que en 1975 introdujo el concepto de “sistema sexo/género”; y de Judith Butler, que en 1990 propuso la teoría de la performatividad de género en Gender Trouble. Ninguna de estas autoras propuso jamás “eliminar las diferencias entre hombres y mujeres” o “confundir a los niños”.

Qué estudian concretamente

Algunos ejemplos de investigaciones realizadas en el ámbito de los gender studies:

  • Brecha salarial: ¿por qué las mujeres ganan en promedio menos que los hombres a igualdad de rol y competencias?
  • Violencia de género: ¿qué estructuras culturales e institucionales contribuyen a la violencia doméstica y a los feminicidios?
  • Salud: ¿cómo influyen las normas de género en el acceso a la sanidad, en el diagnóstico y en el tratamiento de las enfermedades?
  • Representación: ¿cómo se representan hombres y mujeres en los medios, en la publicidad, en la política?
  • Identidad de género: ¿qué factores biológicos, psicológicos y sociales contribuyen al desarrollo de la identidad de género?

Se trata de preguntas de investigación — no de una agenda política. Los resultados se publican en revistas con revisión por pares, sometidos a revisión por parte de otros investigadores, discutidos y replicados. Es el funcionamiento normal de la ciencia.

La diferencia entre “género” y “sexo”

Uno de los malentendidos centrales de la narrativa antigénero se refiere a la distinción entre sexo y género. Quien habla de “teoría de género” sostiene a menudo que los estudios de género “niegan” el sexo biológico. En realidad, la distinción entre sexo (un conjunto de características biológicas: cromosómicas, gonadales, hormonales, anatómicas) y género (el conjunto de significados sociales, culturales y psicológicos asociados a estas características) es una herramienta analítica, no una negación de la biología.

Reconocer que el género tiene una dimensión social no significa afirmar que el sexo biológico no exista. Significa reconocer que el modo en que una sociedad interpreta y organiza las diferencias sexuales no es un dato de la naturaleza inmutable, sino que varía en el tiempo y entre las culturas. El sexo biológico mismo es un sistema más complejo de lo que la simplificación “macho o hembra” sugiere, como documenta la investigación sobre las variaciones de las características sexuales.

La “teoría de género” como hombre de paja

En retórica, un “hombre de paja” (straw man) es un argumento falaz que consiste en distorsionar la posición del adversario para hacerla más fácil de atacar. La expresión “teoría de género” funciona exactamente así.

Qué se atribuye a la “teoría de género”

Quien usa esta expresión le atribuye típicamente una serie de tesis:

  • Los sexos no existen, el género es solo una construcción social
  • Los niños deben ser “confundidos” sobre su propia identidad sexual
  • Las escuelas enseñan a los niños a “cambiar de sexo”
  • La familia tradicional debe ser destruida
  • Existe un proyecto global para imponer una ideología

Qué dicen realmente los estudios de género

Ninguna de estas afirmaciones encuentra respaldo en la literatura académica. Los estudios de género:

  • No niegan el sexo biológico. Estudian cómo las características biológicas interactúan con las normas sociales.
  • No proponen confundir a los niños. Sostienen la educación en el respeto a las diferencias.
  • No pretenden destruir la familia. Estudian la pluralidad de las formas familiares existentes en las diversas sociedades.
  • No constituyen un proyecto unitario. Son un campo de investigación heterogéneo con enfoques diversos y a veces contrastantes.

La distancia entre lo que se atribuye a la “teoría de género” y lo que los gender studies efectivamente sostienen es tal que hace del término un ejemplo de manual de argumentación falaz.

Qué dice la ciencia sobre la identidad de género

La identidad de género — el sentido interior de pertenencia a un género — es objeto de investigación científica desde hace décadas. La investigación ha producido un cuerpo de evidencias consistente, publicado en revistas de alto perfil y reconocido por las principales instituciones sanitarias del mundo.

Bases biológicas

Como se documenta en detalle en el artículo sobre las bases biológicas de la identidad de género, la investigación ha identificado contribuciones genéticas, hormonales, neuroanatómicas y epigenéticas al desarrollo de la identidad de género.

La revisión de Polderman y colegas, publicada en Behavior Genetics en 2018, concluyó que la identidad de género “refleja probablemente una interacción compleja de factores biológicos, ambientales y culturales” y planteó la hipótesis de que se trata de un rasgo multifactorial con un componente heredable poligénico (Fuente: [4]).

Una revisión sistemática de los estudios en gemelos publicada en Behavior Genetics en 2025 analizó ocho estudios, siete de los cuales proporcionaron evidencias a favor de un componente genético de la identidad de género, con estimaciones de heredabilidad comprendidas entre 0,10 y 0,81 (Fuente: [10]).

El estudio ENIGMA de 2021, el mayor análisis de neuroimagen jamás realizado en personas transgénero, examinó los datos de RMN estructural de 803 participantes no sometidos a tratamiento hormonal. Los resultados mostraron que el cerebro de las personas transgénero presenta un fenotipo propio y distinto, no simplemente “intermedio” entre masculino y femenino (Fuente: [6]).

Investigaciones en el campo de la epigenética, como el estudio EWAS publicado en Frontiers in Neuroscience en 2021, encontraron que personas transgénero y cisgénero presentan perfiles de metilación del ADN diferentes, con los sitios más significativos asociados a genes implicados en el desarrollo del sistema nervioso central (Fuente: [11]).

Estos resultados no establecen un determinismo biológico simple — la identidad de género no es “causada” por un solo gen o por un solo factor. Indican, sin embargo, que tiene raíces biológicas reales y no es el producto de una ideología, de una moda o de una elección voluntaria.

El consenso de las instituciones científicas

Las principales instituciones científicas y sanitarias del mundo se han posicionado sobre la identidad de género sobre la base de las evidencias disponibles:

  • La Endocrine Society, en las directrices clínicas de 2017, afirma que “considerables evidencias científicas han demostrado un elemento biológico duradero como base de la identidad de género” (Fuente: [5]).

  • La American Psychological Association (APA), en la resolución de 2021, reiteró que las identidades transgénero y no binarias representan “variaciones normales en la expresión humana del género” y se opuso a los intentos de modificar la identidad de género de las personas (Fuente: [8]).

  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) reclasificó la incongruencia de género en la CIE-11, eliminándola del capítulo de trastornos mentales y trasladándola a un nuevo capítulo dedicado a las condiciones relativas a la salud sexual. Esta reclasificación refleja el consenso científico según el cual la identidad transgénero no es un trastorno mental (Fuente: [7]).

La identidad de género no es una opinión, una ideología o un programa político. Es un objeto de estudio científico con evidencias convergentes desde disciplinas diversas.

La ciencia no es una ideología

Uno de los aspectos más problemáticos de la narrativa sobre la “teoría de género” es que transforma la investigación científica en una posición ideológica. Si la ciencia se convierte en “ideología”, entonces puede ser rechazada con la misma facilidad con la que se rechaza una opinión política. Pero la ciencia no funciona así.

Las evidencias sobre las bases biológicas de la identidad de género no son el producto de una agenda. Son el resultado de décadas de investigación realizada por miles de investigadores en universidades y centros de investigación de todo el mundo, publicada en revistas sometidas a revisión por pares, replicada y discutida por la comunidad científica internacional.

Rechazar estas evidencias no es una posición “alternativa”: es una posición anticientífica, del mismo tipo de las que niegan la evolución, la eficacia de las vacunas o el cambio climático. Se puede y se debe discutir sobre los límites de la investigación, sobre las áreas aún abiertas, sobre las implicaciones éticas de los descubrimientos. Pero negar la existencia misma de las evidencias es un acto de desinformación.

Las consecuencias reales de la narrativa antigénero

La “teoría de género” no es solo una cuestión académica. Tiene consecuencias concretas en la vida de las personas.

Cada vez que se usa la expresión “teoría de género” para deslegitimar la investigación sobre la identidad de género, se refuerza el estigma hacia las personas transgénero y no binarias. Cada vez que se presenta la educación en la diversidad como “adoctrinamiento”, se dificulta más combatir el acoso en las escuelas. Cada vez que se describe la identidad de género como una “ideología”, se obstaculiza el acceso de las personas trans a la atención sanitaria que necesitan.

Las personas trans ya afrontan tasas elevadas de discriminación, violencia y malestar psicológico vinculados al estigma social. La narrativa sobre la “teoría de género” no protege a nadie: alimenta un clima cultural en el que estas personas son percibidas como una amenaza en lugar de como parte de la diversidad humana.

Qué podemos hacer

Frente a la desinformación, la herramienta más eficaz es la información precisa. Cuando alguien menciona la “teoría de género”, algunas preguntas pueden ayudar a reconducir la conversación hacia los hechos:

  • “¿Qué teoría, exactamente?” — La expresión no designa ninguna teoría científica. Pedir que se especifique qué se entiende revela a menudo que se está hablando de una caricatura, no de un contenido real.
  • “¿Has leído los estudios?” — La investigación sobre la identidad de género es pública y accesible. La mayoría de las personas que hablan de “teoría de género” nunca ha leído un artículo científico sobre el tema.
  • “¿Quién acuñó la expresión?” — La expresión no nace de la ciencia, sino de la política. Conocer su origen ayuda a comprender su función.

La ciencia no pide que se crea en ella por fe. Pide que se lea.

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Para profundizar en los temas tratados en este artículo:

Preguntas frecuentes

¿Existe la teoría de género?

No. No existe una 'teoría de género' como la describen sus críticos. La identidad de género es un campo de estudio científico reconocido, respaldado por décadas de investigación en neurociencias, psicología y endocrinología.

¿Qué es la teoría de género?

La expresión 'teoría de género' es un término polémico utilizado para describir de manera distorsionada los estudios de género (gender studies), un campo académico que estudia cómo el género influye en la sociedad.

¿La teoría de género se enseña en las escuelas?

No. En las escuelas no existe ningún programa llamado 'teoría de género'. La educación en la diversidad y el respeto a todos forman parte de los programas de educación cívica.

¿Qué dice la ciencia sobre la identidad de género?

La investigación científica demuestra que la identidad de género tiene bases biológicas (genéticas, hormonales, neurológicas) y no es una elección ni una ideología.

Publicado hace 3 meses · 12 fuentes citadas Generado con IA
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