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Mujeres trans e identidad femenina

Mujeres trans e identidad femenina

“¿Las mujeres trans son mujeres?” es una pregunta que aparece recurrentemente en los debates públicos, en los comentarios en línea, en las aulas parlamentarias. A menudo se plantea como si la respuesta fuera una cuestión de opinión. No lo es. Las evidencias científicas acumuladas a lo largo de más de treinta años de investigación en neurociencias, genética, endocrinología y psicología convergen en un punto: la identidad de género tiene sólidas bases biológicas y no está determinada exclusivamente por los cromosomas o la anatomía genital.

Este artículo examina qué dice efectivamente la ciencia, cuáles son las posiciones de las principales organizaciones médicas internacionales y por qué la pregunta misma, tal como se formula, delata una comprensión incompleta de la biología humana.

Qué determina el género: mucho más que los cromosomas

Cuando se habla de “sexo biológico”, el sentido común tiende a reducir todo a un par de cromosomas: XX o XY. Esta simplificación, aunque útil en la didáctica básica, no refleja la complejidad de la biología real.

El sexo biológico es un conjunto de características que incluye cromosomas, gónadas, hormonas, anatomía interna, genitales externos y — aspecto a menudo descuidado — la estructura y el funcionamiento del cerebro. Como se documenta en un artículo publicado en Nature en 2015, estos componentes en la mayoría de las personas están alineados, pero pueden variar independientemente unos de otros [8]. El sexo biológico no es un interruptor binario, sino un sistema complejo con muchos niveles.

La identidad de género — el sentido interior y profundo de ser mujer, hombre o de un género no binario — es uno de estos componentes biológicos. No es una elección, no es un capricho y no es el resultado de influencias sociales. La investigación científica ha identificado múltiples factores biológicos que contribuyen a su formación, todos enraizados en el desarrollo prenatal del cerebro [3][7].

Las evidencias neurocientíficas

El estudio pionero de Zhou (1995)

El primer estudio en identificar una correlación neuroanatómica con la identidad de género fue realizado por Zhou y colegas en 1995, publicado en Nature. Los investigadores examinaron el núcleo del lecho de la estría terminal (BSTc), un área cerebral sexualmente dimórfica — es decir, con dimensiones diferentes entre hombres y mujeres. El estudio encontró que en las mujeres trans el volumen del BSTc era coherente con el de las mujeres cisgénero, no con el de los hombres cisgénero. Este resultado era independiente de la orientación sexual y del tratamiento hormonal [1].

La confirmación de Kruijver (2000)

Cinco años después, Kruijver y colegas confirmaron y ampliaron estos resultados con un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism. Analizando el número de neuronas somatostatinérgicas en el BSTc de 42 sujetos, encontraron que los hombres tenían casi el doble de neuronas respecto a las mujeres. Las mujeres trans presentaban un número de neuronas coherente con el de las mujeres cisgénero (p = 0,83), mientras que un hombre trans presentaba un número de neuronas en el rango masculino [2]. El tratamiento hormonal en la edad adulta no influía en estos resultados, sugiriendo que la diferenciación ocurre durante el desarrollo prenatal.

La diferenciación sexual del cerebro: Swaab (2004)

Dick Swaab, uno de los pioneros de la investigación sobre la diferenciación sexual del cerebro, sintetizó el modelo biológico en un trabajo de 2004 [3]. Según este modelo, durante el desarrollo fetal el cerebro se diferencia en dirección masculina por acción directa de la testosterona, y en dirección femenina en ausencia de esta hormona. Puesto que la diferenciación de los genitales ocurre en los dos primeros meses de embarazo, mientras que la del cerebro comienza en la segunda mitad, los dos procesos pueden ser influenciados independientemente uno del otro. Esto explica cómo una persona puede desarrollar genitales típicos de un sexo y una identidad de género coherente con el otro.

Luders y la materia gris (2009)

Luders y colegas en la UCLA analizaron con resonancia magnética el cerebro de 24 mujeres trans que aún no estaban en terapia hormonal, comparándolas con 30 hombres y 30 mujeres cisgénero. El estudio, publicado en NeuroImage, encontró que las mujeres trans presentaban un volumen significativamente mayor de materia gris en el putamen derecho respecto a los hombres cisgénero, una característica más típica del cerebro femenino [5]. Los resultados proporcionaron nuevas evidencias de que la identidad transgénero está asociada a patrones cerebrales distintos.

Rametti y la materia blanca (2011)

Un estudio de Rametti y colegas publicado en el Journal of Psychiatric Research utilizó la imagen con tensor de difusión (DTI) para examinar la microestructura de la materia blanca en 18 mujeres trans antes de cualquier tratamiento hormonal. Los resultados mostraron que el patrón de la materia blanca de las mujeres trans se situaba a medio camino entre el de los controles masculinos y femeninos, difiriendo significativamente de ambos en diversas áreas cerebrales, entre ellas el fascículo longitudinal superior y el cíngulo anterior derecho [6]. Según los investigadores, estos datos sugieren que algunos haces de fibras nerviosas no completan el proceso de masculinización en las mujeres trans durante el desarrollo cerebral.

La revisión sistemática de Guillamon (2016)

Una revisión completa de la literatura realizada por Guillamon, Junque y Gomez-Gil en 2016, publicada en Archives of Sexual Behavior, analizó todos los estudios de neuroimagen disponibles sobre personas transgénero. La conclusión es que el cerebro de las mujeres trans presenta “mezclas complejas de regiones masculinas, femeninas y desmasculinizadas”, con un fenotipo cerebral específico que difiere tanto del masculino como del femenino cisgénero [9]. Estos resultados confirman la existencia de una base neurobiológica de la identidad de género e indican que el cerebro de las personas trans tiene características propias, no reducibles a una simple “anomalía”.

Las bases genéticas y hormonales

Las evidencias no se limitan a la neuroanatomía. Estudios genéticos han identificado correlaciones significativas entre la identidad transgénero y variantes genéticas específicas.

Hare y colegas, en un estudio de 2009 publicado en Biological Psychiatry, examinaron 112 mujeres trans y 258 hombres cisgénero, encontrando una asociación significativa entre la identidad transgénero y una variante del gen del receptor de andrógenos (AR). Las mujeres trans presentaban repeticiones CAG más largas en el gen AR respecto a los controles masculinos [4]. Dado que repeticiones más largas se asocian a una menor sensibilidad a la testosterona, este resultado sugiere que una reducida masculinización del cerebro durante el desarrollo prenatal podría contribuir al desarrollo de una identidad de género femenina.

Una revisión de la literatura realizada por Saraswat, Weinand y Safer en 2015 en Endocrine Practice concluyó que, aunque los mecanismos precisos quedan por esclarecer, existe un fuerte respaldo en la literatura para una base biológica de la identidad de género [7]. Los estudios en pacientes con trastornos de la diferenciación sexual (DSD) y los estudios neuroanatómicos proporcionan las evidencias más sólidas.

Las directrices de la Endocrine Society de 2017 reconocieron oficialmente que “resultados de estudios provenientes de una variedad de disciplinas biomédicas — genética, endocrina y neuroanatómica — respaldan el concepto de que la identidad de género refleja probablemente una compleja interacción de factores biológicos, ambientales y culturales”, y que “considerables evidencias científicas han demostrado un elemento biológico duradero en la base de la identidad de género” [10].

El paralelo con las condiciones intersex

Un argumento que ayuda a comprender por qué el sexo no es reducible a una dicotomía rígida es el paralelo con las condiciones intersex. Existen personas con cariotipo 46,XY que son fenotípicamente mujeres debido al síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos (CAIS). Existen personas con cariotipo 46,XX que desarrollan características masculinas por la hiperplasia suprarrenal congénita. Existen variaciones cromosómicas como el síndrome de Klinefelter (XXY) y el síndrome de Turner (X0).

Como se documenta en el artículo de Nature de 2015, las condiciones intersex afectan a un porcentaje significativo de la población, variable según la definición adoptada [8]. Estas condiciones demuestran que la biología no opera según categorías rígidamente binarias: cromosomas, hormonas, gónadas y anatomía pueden variar independientemente.

Si el sexo biológico mismo admite esta variabilidad, no hay razón para sorprenderse de que también la identidad de género — otro componente biológico — pueda no alinearse con el sexo asignado al nacer. Las personas transgénero y las personas intersex representan expresiones diferentes de la misma variabilidad biológica fundamental.

Qué dicen las organizaciones médicas internacionales

Las principales organizaciones médicas y científicas del mundo han tomado posición de manera clara y convergente.

Organización Mundial de la Salud (OMS)

En 2019, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la CIE-11, la nueva clasificación internacional de enfermedades. La condición anteriormente conocida como “trastorno de la identidad de género” fue reclasificada como “incongruencia de género” y trasladada del capítulo de trastornos mentales y del comportamiento a un nuevo capítulo sobre condiciones relativas a la salud sexual [11]. La decisión reconoce explícitamente que la identidad transgénero no es un trastorno mental.

American Psychological Association (APA)

En febrero de 2024, la APA adoptó una declaración de política que afirma: “Existe un creciente cuerpo de investigación que muestra que las identidades de género transgénero o no binarias son variaciones normales en la expresión humana del género” [13]. La declaración se opone a la difusión de información inexacta sobre la identidad de género y a la caracterización de la identidad transgénero como trastorno mental.

World Professional Association for Transgender Health (WPATH)

La versión 8 de los Estándares de Atención de la WPATH, publicada en 2022, representa el documento de referencia internacional para la atención de las personas transgénero y de género diverso [12]. Las directrices, desarrolladas por un comité multidisciplinario de expertos, se basan en las evidencias científicas más actualizadas y reconocen plenamente la identidad de género de las personas transgénero.

Endocrine Society

La Endocrine Society, la principal organización mundial de endocrinología, publicó en 2017 sus directrices clínicas reconociendo que la identidad de género tiene bases biológicas documentadas y que las personas transgénero necesitan cuidados apropiados y basados en la evidencia [10].

Estas no son opiniones aisladas. La misma posición es compartida por la American Medical Association, la British Medical Association, el Royal College of Psychiatrists, la American Academy of Pediatrics y decenas de otras organizaciones médicas y científicas en todo el mundo.

El reconocimiento jurídico

El principio de que las mujeres trans son mujeres no es solo una conclusión científica: es también un principio jurídico reconocido en muchos ordenamientos.

En Italia, la ley 164 de 1982 permite la rectificación de la asignación de sexo, convirtiendo a Italia en el sexto país del mundo en reconocer legalmente el derecho de las personas a cambiar de género. Desde 2015, a raíz de las indicaciones del Tribunal Constitucional, ya no es necesario someterse a intervenciones quirúrgicas para obtener el cambio de documentos.

El Parlamento Europeo ha adoptado resoluciones que piden el pleno reconocimiento de las personas transgénero y la eliminación de las barreras al acceso al reconocimiento jurídico del género. En numerosos países europeos y del mundo, las mujeres trans pueden obtener documentos coherentes con su identidad de género a través de procedimientos que respetan la autodeterminación.

Por qué la pregunta es reductiva

Plantear la pregunta “¿las mujeres trans son mujeres?” como si la respuesta dependiera de una opinión personal significa ignorar las evidencias científicas acumuladas en décadas de investigación. Pero también significa plantear una pregunta que nunca se dirige a las mujeres cisgénero.

A ninguna mujer cisgénero se le pide demostrar su feminidad a través de los cromosomas, la capacidad reproductiva o la conformación anatómica. Las mujeres que han sido sometidas a una histerectomía, las mujeres en menopausia, las mujeres con síndrome de Turner (que tienen un solo cromosoma X) y las mujeres con CAIS (que tienen cromosomas XY) no son cuestionadas en su identidad femenina. La feminidad nunca ha sido definida por un solo marcador biológico.

La identidad de género es una característica biológica compleja, influenciada por la diferenciación cerebral prenatal, por factores genéticos y hormonales, e integrada en el sentido más profundo de sí de cada persona [7][10]. Las mujeres trans, como las mujeres cisgénero, tienen una identidad de género femenina. Esta identidad es real, es coherente con la estructura de su cerebro [1][2][5][9], es reconocida por la comunidad científica y médica internacional [11][12][13].

Más allá del debate: las consecuencias reales

La pregunta sobre la identidad de las mujeres trans no es un ejercicio intelectual. Tiene consecuencias concretas en la vida de las personas.

Cuando se niega la identidad de género de las mujeres trans, se legitima la discriminación en el acceso a la sanidad, al trabajo, a la vivienda y a la educación. Se alimenta el estigma social que contribuye a las tasas elevadas de depresión, ansiedad e ideación suicida documentadas en la población transgénero. Se crea un ambiente en el que la violencia contra las mujeres trans se normaliza o se minimiza.

Por el contrario, el reconocimiento de la identidad de género está asociado a mejores resultados de salud mental y física [12]. Los estudios muestran que las personas transgénero que viven en ambientes aceptantes y que tienen acceso a cuidados apropiados presentan niveles de bienestar comparables a los de la población general.

La ciencia es clara. Las organizaciones médicas son unánimes. El derecho internacional se mueve en la misma dirección. Las mujeres trans son mujeres. No porque lo diga una ideología, sino porque lo indican las evidencias biológicas, neurológicas y médicas de las que disponemos.

Preguntas frecuentes

¿Las mujeres trans son mujeres?

Sí. La identidad de género está determinada por factores biológicos (genéticos, hormonales, neurológicos) y no por el sexo asignado al nacer. Las principales organizaciones médicas del mundo reconocen a las mujeres trans como mujeres.

¿Qué dice la ciencia sobre las mujeres trans?

Estudios de neuroimagen muestran que el cerebro de las mujeres trans presenta patrones más similares a los de las mujeres cisgénero que a los de los hombres cisgénero, incluso antes de la terapia hormonal.

¿La OMS reconoce a las mujeres trans como mujeres?

Sí. La OMS eliminó el ser transgénero de la clasificación de enfermedades mentales en la CIE-11 (2019), reconociendo que la identidad de género no es una patología.

¿Una mujer trans es diferente de una mujer cisgénero?

Las mujeres trans y cisgénero comparten la identidad de género femenina. Difieren en el recorrido biológico y en las experiencias de vida, pero ambas son mujeres en todos los sentidos.

Para profundizar

  • Libro Whipping Girl (2007)
  • Documental Disclosure: Trans Lives on Screen (2020)
Publicado hace 3 meses · 13 fuentes citadas Generado con IA
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