The Death and Life of Marsha P. Johnson: verdad y justicia para un icono trans

Un documental que pide justicia
El 6 de julio de 1992, el cuerpo de Marsha P. Johnson fue encontrado en las aguas del río Hudson, en Nueva York, cerca de los muelles de Christopher Street — los mismos muelles donde durante décadas había vivido, luchado y llevado alegría a su comunidad [3]. Tenía 46 años. La policía archivó el caso como suicidio en tiempos muy rápidos, pero quienes conocían a Marsha nunca creyeron esa versión [4].
The Death and Life of Marsha P. Johnson, documental de 2017 dirigido por David France y distribuido por Netflix [1][2], reabre esa herida. El film entrelaza dos narraciones: por un lado, la investigación conducida por la activista Victoria Cruz para descubrir la verdad sobre la muerte de Marsha; por otro, la reconstrucción de la vida extraordinaria de una mujer que se convirtió en un símbolo global de la lucha por los derechos de las personas LGBTQ+.
David France: un director que conoce la historia
El director David France no es un outsider respecto a las historias que cuenta. Periodista investigativo y activista, France es conocido por su documental anterior, How to Survive a Plague (2012), nominado al Oscar, que relataba la lucha de ACT UP contra la crisis del SIDA [8]. Su familiaridad con el mundo del activismo LGBTQ+ neoyorquino lo convierte en un narrador informado y apasionado.
France ha declarado que el documental nace de una pregunta que lo perseguía desde hacía décadas: ¿por qué la muerte de una de las figuras más importantes del movimiento por los derechos LGBTQ+ nunca fue investigada seriamente [8]? La respuesta, sugiere el film, es tan simple como devastadora: porque Marsha era una mujer trans negra, y las vidas de las mujeres trans negras no importaban lo suficiente como para merecer justicia.
Victoria Cruz: la investigadora
El hilo conductor del documental es Victoria Cruz, activista trans que trabaja en el Anti-Violence Project (AVP) de Nueva York, una organización que documenta y combate la violencia contra las personas LGBTQ+ [7]. Cruz emprende una investigación personal sobre la muerte de Marsha, veinticinco años después de los hechos [4].
La elección de Cruz como protagonista es significativa. No es una detective profesional ni una periodista: es una mujer trans que comprende en carne propia lo que significa vivir bajo la amenaza de la violencia transfóbica. Su investigación está motivada no solo por la búsqueda de la verdad, sino por la conciencia de que la muerte no resuelta de Marsha representa un patrón más amplio: las mujeres trans, en particular las de color, son asesinadas y sus muertes son ignoradas.
En el transcurso del documental, Cruz recoge testimonios, examina documentos y se encuentra con personas que conocían a Marsha. Emerge un cuadro inquietante: diversos testigos sugieren que Marsha había sido agredida antes de su muerte [4]. Algunos hablan de individuos violentos que frecuentaban los muelles en ese periodo. La clasificación como suicidio aparece cada vez más apresurada e inadecuada.
Quién era Marsha P. Johnson
Para quienes no conocen su historia, el documental ofrece una reconstrucción de la vida de Marsha rica en material de archivo, fotografías y entrevistas con quienes la conocieron.
Nacida como Malcolm Michaels Jr. en 1945 en Elizabeth, Nueva Jersey, Marsha se trasladó a Nueva York en 1963 con quince dólares en el bolsillo [3]. En la ciudad que se convertiría en su hogar, adoptó el nombre Marsha P. Johnson — el apellido de un restaurante de la cadena Howard Johnson’s, y la “P” que significaba “Pay It No Mind” (“No le prestes atención”), la respuesta que daba a quien le preguntaba por su género [3].
El documental muestra cómo Marsha era una figura amada y respetada en la comunidad del Greenwich Village. Sus ropas coloridas, las coronas de flores frescas que llevaba en la cabeza, su risa contagiosa y su generosidad infinita la convirtieron en un icono viviente. Pero detrás de la alegría había una realidad durísima: pobreza, episodios de violencia, arrestos frecuentes, problemas de salud mental y la amenaza constante que acompañaba la vida de toda mujer trans en los años 60, 70 y 80 [3].
Stonewall y STAR
El documental dedica amplio espacio al papel de Marsha en los disturbios de Stonewall de junio de 1969 y a la fundación de STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries), la organización que creó junto a Sylvia Rivera en 1970 [5].
Los disturbios de Stonewall — las protestas desencadenadas por una redada policial en un bar gay del Greenwich Village — son considerados el evento fundacional del movimiento moderno por los derechos LGBTQ+. El papel preciso de Marsha en esa primera noche ha sido objeto de debate (ella misma contó que había llegado cuando los disturbios ya habían comenzado), pero su participación activa en las protestas es indiscutida [3].
Más revolucionaria aún fue STAR. Mientras el naciente movimiento gay se concentraba en objetivos de aceptación mainstream, Marsha y Sylvia se ocupaban de las personas más vulnerables: jóvenes LGBTQ+ sin hogar, trabajadoras sexuales, personas trans rechazadas por sus propias familias [5]. La STAR House, en un edificio abandonado del East Village, ofrecía un refugio concreto. Marsha y Sylvia recogían comida y dinero — a menudo a través del trabajo sexual — para mantener esa casa abierta [5].
El documental de France muestra cómo este activismo radical estaba en conflicto con las corrientes más moderadas del movimiento. Las personas trans eran a menudo marginadas dentro de la propia comunidad LGBTQ+: consideradas demasiado visibles, demasiado radicales, demasiado “diferentes” para un movimiento que buscaba respetabilidad.
La muerte en el Hudson
El documental reconstruye las circunstancias de la muerte de Marsha con una combinación de entrevistas, documentos y reportaje investigativo.
En julio de 1992, Marsha estaba atravesando un periodo particularmente difícil. Sin embargo, amigos y conocidos la describen como activa y presente en los días previos a su muerte, comprometida con la planificación de eventos del Orgullo [4]. Nada, según las personas más cercanas a ella, sugería una intención suicida.
El 6 de julio, su cuerpo fue recuperado del río Hudson. La policía del NYPD archivó el caso como suicidio con una rapidez que muchos han definido como sospechosa [3][4]. No se realizó una autopsia exhaustiva. Los testigos no fueron interrogados sistemáticamente. Las circunstancias de la muerte — un cuerpo en el agua con signos de trauma — no fueron investigadas como habrían merecido.
El documental evidencia cómo esta negligencia no era un caso aislado. A principios de los años 90, las muertes violentas de personas trans — en particular mujeres trans de color — eran tratadas por las fuerzas del orden con indiferencia sistemática. Los muelles de Christopher Street, donde Marsha pasaba mucho tiempo, eran un lugar conocido por la violencia: agresiones, robos y asesinatos eran frecuentes, y las víctimas LGBTQ+ raramente obtenían justicia.
La reapertura del caso
Bajo la presión de la comunidad y gracias al trabajo de activistas y periodistas, en 2012 el caso fue oficialmente reabierto. La clasificación cambió de “suicidio” a “muerte por causas sospechosas” [3] — un reconocimiento tardío pero significativo de que la versión original era inadecuada.
El documental sigue a Victoria Cruz mientras intenta llevar adelante la investigación, enfrentándose a la burocracia, a la pérdida de pruebas por el paso del tiempo y a la dificultad de reconstruir eventos ocurridos décadas atrás [4]. A pesar de sus esfuerzos y los de otros activistas, al momento del estreno del documental — y aún hoy — nadie ha sido nunca acusado por la muerte de Marsha.
Esta ausencia de justicia es, para France, el mensaje más doloroso del film. No se trata solo de un caso no resuelto: es el símbolo de un sistema que no considera las vidas de las mujeres trans dignas de protección o de verdad.
Un documental, dos temporalidades
Uno de los aspectos más eficaces de “The Death and Life of Marsha P. Johnson” es la estructura narrativa que alterna pasado y presente. Mientras Cruz investiga la muerte de Marsha, el documental muestra cómo la violencia contra las personas trans no es un fenómeno del pasado.
El film incluye historias de mujeres trans contemporáneas — muchas de color, muchas jóvenes — que enfrentan agresiones, discriminación y peligros cotidianos. Las estadísticas sobre la violencia anti-trans se presentan no como datos abstractos, sino como el contexto en el que la historia de Marsha continúa repitiéndose. Cada año, decenas de personas trans son asesinadas en Estados Unidos, y la mayoría de las víctimas son mujeres trans negras y latinas [7].
Esta superposición temporal transforma el documental de un relato histórico a un acto de denuncia contemporánea. La pregunta no es solo “¿quién mató a Marsha P. Johnson?”, sino “¿por qué seguimos fallando en proteger a las personas trans?“.
El legado viviente
El documental se cierra con una reflexión sobre el legado de Marsha que va más allá de la tragedia de su muerte. En los años posteriores al estreno del film, ese legado ha continuado creciendo.
En 2020, el East River State Park de Brooklyn fue renombrado Marsha P. Johnson State Park, el primer parque estatal de Nueva York dedicado a una persona abiertamente LGBTQ+ [6]. Su imagen se ha convertido en un símbolo global de los movimientos por los derechos trans, reproducida en murales, obras de arte y carteles en todo el mundo. El Marsha P. Johnson Institute, fundado por la activista Elle Moxley, continúa el trabajo de abogacía por las personas trans negras.
Pero el legado más importante de Marsha, sugiere el documental, no está en los memoriales: está en las personas que continúan luchando. Victoria Cruz, con su investigación obstinada, encarna el espíritu de Marsha — la convicción de que cada vida merece justicia y de que el silencio es cómplice de la violencia.
Por qué verlo
“The Death and Life of Marsha P. Johnson” no es un documental fácil. Es un film que pide al espectador que se confronte con la injusticia, con la violencia y con las consecuencias de la indiferencia. Pero es también un film que celebra el coraje, la solidaridad y la capacidad de una persona de cambiar el mundo con su propia existencia.
Para quienes ya conocen la historia de Marsha P. Johnson, el documental ofrece detalles y perspectivas nuevas. Para quienes no la conocen, es una introducción potente y necesaria a una de las figuras más importantes de la historia del movimiento trans — y a una demanda de justicia que, después de más de treinta años, aún espera una respuesta.
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Preguntas frecuentes
¿De qué trata The Death and Life of Marsha P. Johnson?
El documental de Netflix de 2017, dirigido por David France, entrelaza dos historias: la investigación de la activista Victoria Cruz sobre la muerte misteriosa de Marsha P. Johnson en 1992 y la reconstrucción de la vida y el legado de este icono del movimiento por los derechos LGBTQ+.
¿Cómo murió Marsha P. Johnson?
El cuerpo de Marsha P. Johnson fue encontrado en el río Hudson el 6 de julio de 1992. La policía clasificó rápidamente la muerte como suicidio, pero amigos y activistas cuestionaron esta conclusión. En 2012 el caso fue reclasificado como muerte por causas sospechosas, pero nadie ha sido nunca acusado.
¿Quién es Victoria Cruz en el documental?
Victoria Cruz es una activista trans que trabaja en el Anti-Violence Project de Nueva York. En el documental conduce una investigación personal sobre la muerte de Marsha P. Johnson, buscando testimonios y pruebas para descubrir qué ocurrió realmente la noche de su muerte.
¿Dónde se puede ver The Death and Life of Marsha P. Johnson?
El documental está disponible en Netflix desde 2017. Dura aproximadamente 105 minutos y está en idioma inglés con subtítulos disponibles en varios idiomas, incluido el español. Fue presentado en estreno en el Festival de Cine de Tribeca.
Para profundizar
- Documental The Death and Life of Marsha P. Johnson (2017)
- Documental Pay It No Mind: Marsha P. Johnson (2012)
- Película Happy Birthday, Marsha! (2018)
- Documental Paris Is Burning (1990)